
En España, la cesta de Navidad es una de esas tradiciones que se viven casi con la misma expectación que las vacaciones o la lotería. Para muchos trabajadores, no es solo un conjunto de productos típicos, sino un símbolo cargado de historia, cultura y matices sociales. Entender su origen es también una forma de comprender cómo han evolucionado las relaciones laborales y la manera española de vivir la Navidad.
Hablar de la cesta de Navidad es, en realidad, hablar de solidaridad, de identidad colectiva y de una cultura profundamente ligada a la mesa, al compartir y al cuidado del grupo.
Origen y contexto histórico de la cesta de Navidad
La tradición de regalar una cesta de Navidad a los empleados comienza a consolidarse en España entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en plena industrialización. En aquel momento, las condiciones laborales eran duras y los salarios, insuficientes para cubrir todas las necesidades básicas de las familias.
Las primeras cestas no tenían un carácter lúdico ni festivo. Eran, ante todo, una ayuda material. Incluían alimentos esenciales que permitían a los trabajadores celebrar las fiestas con cierta dignidad: aceite, harina, legumbres, embutidos o vino. No se trataba de un lujo, sino de un alivio económico en una época marcada por la precariedad.
Esta costumbre se afianzó especialmente tras la Guerra Civil española, durante los años cuarenta y cincuenta. La escasez de productos y la ausencia de un sistema de protección social sólido hicieron que muchas empresas asumieran un papel casi asistencial. La cesta de Navidad se convirtió entonces en un gesto esperado, necesario y profundamente valorado.
